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sábado, 24 de septiembre de 2016

Inés y la alegría

Estoy empezando a darme cuenta de que este blog ha acabado por convertirse en una especie de refugio ocasional. Hoy por hoy —hace un año de mi última entrada, pero me gusta pensar que el tiempo no ha pasado en este rinconcito de la red— solo lo utilizo, de forma ocasional, para recomendar los mejores libros que leo. Y, en cierto modo, me gusta que sea así. Hoy traigo un libro que, después de más de 700 páginas sumergida en la tibia frontera entre el Valle de Arán, Toulouse y Pont de Suert, se ha convertido en una historia de esas que se quedan, que emocionan, que duele acabar. Porque eso es lo que ha sido Inés y la alegría para mí: una aventura de principio a fin.


Sinopsis: Toulouse, 1939. Carmen de Pedro, responsable en Francia de los diezmados comunistas españoles, se cruza con Jesús Monzón; años después, en 1944, Monzón contará con un ejército de hombres dispuestos a invadir España. Entre ellos está Galán, quien cree que, tras el desembarco aliado y la retirada de los alemanes, es posible establecer un gobierno republicano en Viella. No lejos de allí, Inés, que apoyó la causa republicana durante la guerra, oye a escondidas el anuncio de la operación Reconquista de España en Radio Pirenaica, y se arma de valor, y de secreta alegría, para dejar atrás los peores años de su vida.

Inés. Galán. Galán e Inés. Inés y Galán. Ese es el eje central de la novela, la cual está contada a tres voces: la de sus dos protagonistas, alternando capítulos bastante extensos entre la perspectiva de uno y otro, y la tercera, la de la propia autora. Porque Inés y la alegría no es solo una intensa historia de ficción sobre las consecuencias de la guerra y aquella intrépida y valerosa ofensa que fue la del Valle de Arán, sino también una inmensa lección de Historia con la que se aprende más sobre la estructura y los altibajos del Partido Comunista de España en la posguerra que con cualquier manual de Historia. Por sus páginas desfilan personajes reales de todos los tamaños: desde titanes como Dolores Ibárruri o Santiago Carrillo hasta personajes tan desconocidos pero sumamente curiosos como Jesús Monzón.

El trabajo de documentación de Almudena Grandes es, por tanto, apabullante. Ya lo pude comprobar al leer El lector de Julio Verne, segunda entrega de esta saga de Episodios de una guerra interminable que leí en enero de 2015 —cuánta emoción me hizo la mención a Pepe el Portugués al final de esta historia, por cierto—; sin embargo, en esta primera parte destaca un minucioso estudio de un episodio tan desconocido como fue la invasión del Valle de Arán en octubre de 1944. La idea de Grandes de documentar un hecho tan poco conocido y que fue enterrado en el olvido, tanto por unos como por otros, me parece una decisión absolutamente admirable. Y, por supuesto, lo hace con una maestría y un estilo inigualables.

Pese a ser la segunda novela de la autora que leo, me aventuraría a decir que esta es la más redonda de las dos. Donde los personajes de El lector de Julio Verne eran entrañables, los de Inés y la alegría son absolutamente humanos; humanos dañados por la guerra, por el hambre, por la rabia y por el exilio. Pese a todo, hay cabida para esos sentimientos universales que Grandes sabe explotar de una forma exquisita: el amor, la amistad, la esperanza y, como indica el título del libro, la alegría. Más allá de los personajes principales, de los que hablaré más adelante, la autora despliega todo un abanico de secundarios que dan la sensación de ser seres humanos completamente vivos y reales: desde el entrañable Comprendes —quizás mi favorito— hasta Adela, esa cuñada tan deliciosamente buena, todos ellos dejan ver diferentes visiones y formas de encarar la guerra y todos los años que la siguieron de una forma humana y, muchas veces, mucho menos cruenta de lo que se suele esperar en novelas de este tipo. Lo cual, al menos en mi caso, resulta un verdadero respiro.

Por otro lado, tenemos a Inés y Galán. Galán e Inés. Dos narradores sobre cuyos hombros se deposita todo el peso de la novela, y que la autora consigue que lleven con absoluta facilidad e, incluso, grandeza. Enamorarse de Galán es tan fácil que no cuesta imaginarse por qué Inés lo hace prácticamente al llegar a Pont de Suert, pero con ella esa inmensa sensación de cariño y familiaridad llega incluso antes. Es una chica cuya vida se ve completamente rota por la guerra, y cuyo único afán, durante años, se convierte en intentar sobrevivir. Es curioso observar cómo deja de ser la niña de los ojos de su hermano Ricardo, personaje interesante donde los haya, para convertirse en una muchacha de firmes convicciones republicanas durante la guerra; después de eso, su despegue como personaje y como mujer llega a ser incluso apabullante.

Otro aspecto a destacar en estos personajes son las relaciones que se establecen entre ellos: no solo las amorosas, absolutamente enternecedoras, sino también las de amistad. La de Comprendes y Galán es, quizás, la que más emociona; sin embargo, también lo hace la que surge entre las mujeres que, en el exilio, comienzan a trabajar bajo el mismo techo y viven juntas los altos y los bajos de vivir en una tierra ajena, enamoradas de hombres dispuestos a luchar hasta el final. Porque este aspecto es también uno de los más importantes de la novela: los fragmentos en los que, más allá de la guerra, del amor y de cualquier otra cosa, se convierte en una historia de mujeres que, ayudadas las unas por las otras, hacen lo imposible por sobrevivir.

Así pues, creo que puedo afirmar que Inés y la alegría se ha convertido en mi gran libro de 2016. Pendiente queda Las tres bodas de Manolita, el único «episodio» publicado que me falta por leer, y el cuarto volumen, Los pacientes del doctor García, previsto para su publicación en marzo de 2017.  Sin embargo, dudo mucho que ninguno me deje tanto poso como este: he pasado más de una semana prácticamente pegada a sus páginas y, al acabarlo, he sentido esa sensación de vacío que viene al finalizar un gran libro y que apenas recordaba ya. Inés, Galán, Comprendes, el Lobo y muchos más seguirán en mi cabeza durante mucho más tiempo del que he pasado leyendo la novela: ese grupo de exiliados que, a su manera, ha acabado configurando una gran familia de la que uno llega a sentirse parte. Es un relato vivo, optimista y maravilloso: un canto a la vida dentro de un género que, precisamente, se caracteriza por tener finales amargos y crudos.

A fin de cuentas, incluso en la más cruenta de las guerras puede encontrarse un resquicio de amistad, amor y valentía que permita a sus héroes seguir adelante.

Mi nota: 10/10.

miércoles, 7 de enero de 2015

El lector de Julio Verne

¡Primera entrada del 2015! Para recibir el año traigo un libro de Almudena Grandes que he estado leyendo estos días antes de la inexorable vuelta a clase — qué emoción — y que me ha gustado tanto que me apetecía compartirlo con una reseña. Esta vez nos quedamos en España, más concretamente en la Sierra Sur de Jaén, en el año 1947; pero no por ello el libro es menos impresionante. Más bien al contrario.


Sinopsis: Nino, hijo de guardia civil, tiene nueve años, vive en la casa cuartel de un pueblo de la Sierra Sur de Jaén, y nunca podrá olvidar el verano de 1947. Pepe el Portugués, el forastero misterioso, fascinante, que acaba de instalarse en un molino apartado, se convierte en su amigo y su modelo, el hombre en el que le gustaría convertirse alguna vez. Mientras pasan juntos las tardes a la orilla del río, Nino se jurará a sí mismo que nunca será guardia civil como su padre, y comenzará a recibir clases de mecanografía en el cortijo de las Rubias, donde una familia de mujeres solas, viudas y huérfanas, resiste en la frontera entre el monte y el llano. Mientras descubre un mundo nuevo gracias a las novelas de aventuras que le convertirán en otra persona, Nino comprende una verdad que nadie había querido contarle: en la Sierra Sur se está librando una guerra, pero los enemigos de su padre no son los suyos. Tras ese verano, empezará a mirar con otros ojos a los guerrilleros liderados por Cencerro, y a entender por qué su padre quiere que aprenda mecanografía.

Antes que nada supongo que tengo que aclarar que sí, en efecto, es otro libro sobre la posguerra. ¿Qué hay de malo en ello? Como ya dije reseñando Los girasoles ciegos y La voz dormida la historia del siglo XX de nuestro país fue una guerra que no llegó a tener fin (tal y como se llama esta serie de libros de Almudena Grandes, Episodios de una guerra interminable) hasta muchísimo después de ese uno de abril de 1939. Por ello mismo, por mucho que se critique este tipo de literatura, soy de la opinión de que siempre será necesaria, simplemente para que no caiga en el olvido. Siempre desde un punto de vista novedoso y sin historias demasiado trilladas, por supuesto; aunque por desgracia, de aquellos años hay un sinfín de historias que quedan por relatar.

En este caso nos centramos en una historia real, como todas las de esta serie de novelas de Almudena Grandes. Según cuenta la autora en la solapa del libro, en este caso narra la historia de un viejo amigo suyo de Jaén, hijo de guardia civil y testigo de la guerra silenciosa que se vivió en España tras la guerra: la guerra de guerrillas, que hizo zozobrar pueblos enteros a lo largo de los cuatro puntos cardinales de la Península. La autora lo disfraza todo con distintos nombres, pero la historia en sí sigue siendo la misma, narrada de una forma sencilla, eficaz y en muchos casos sobrecogedora.

Los personajes que conforman la historia también son de lo más destacables. Mi favorito, sin duda, ha sido Pepe el Portugués, aunque también destacan las Rubias y doña Elena. En general son unos personajes interesantísimos, sumamente realistas y, sobre todo, con historias que reflejan perfectamente lo que fue de los vencidos al terminar la contienda. Incluso los personajes que aparecen con menos frecuencia, como la familia de Nino o su profesor, don Eusebio, acaban formando un retrato bastante fidedigno de lo que fue la más inmediata posguerra y las circunstancias a las que se vio sometido el pueblo español, sobre todo en el ámbito rural.

Seguramente es un libro que no gustará a todo el mundo, y probablemente por meras cuestiones políticas. Supongo que es algo inevitable, pero es de esos libros que, dado el carácter de la mayoría de los personajes, no gustaría a nadie que no esté convencido de quién se llevó más mazazos a lo largo de la guerra y en la más inmediata posguerra, y sobre todo de que eran absolutamente inmerecidos. En cualquier caso, a mí me ha parecido un libro bastante completo: humano, con una trama bastante curiosa, unos personajes bastante cuidados y un estilo muy bueno. Es el primer libro que leo de Almudena Grandes (pendientes tengo los otros dos Episodios de una guerra interminable que ya han sido publicados), pero no será el último.

Mi nota: 8/10.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Demonios familiares

Soy consciente de que subí la última entrada ayer mismo, pero después de escribir la de Primera memoria me quedé con ganas de hablar de este libro que compré en Atocha a la vuelta de un fin de semana en Madrid. Lo encontré por casualidad, y me llamaba la atención que se tratara de una obra póstuma de la fallecida en este año Ana María Matute, por lo que me lo compré para leerlo en el tren. Y, la verdad, mientras lo hacía no tenía la menor idea de que iba a acabar encontrándome con semejante maravilla de libro.


Sinopsis: Demonios familiares es una historia de amor y culpabilidad, de traiciones y amistad, al más puro estilo de la autora. Transcurre en una pequeña ciudad interior española en 1936, con una protagonista femenina que pronto será inolvidable.

En un principio la sinopsis no dice demasiado, aunque ya se puede adivinar en ella que, aun en su última novela, la autora no abandonó el tema que tanto abundó en sus novelas: el de la Guerra Civil y el crecimiento de una protagonista, en este caso Eva, a lo largo de esta. Alrededor de esta trama se irán desplegando, como es habitual en la prosa de Matute, una serie de personajes completamente dispares que, a su vez, irán formando un todo que, dado el carácter póstumo de la novela, no pudo ser rematado como solía hacer la autora en todas sus novelas.

Pero un libro no tiene por qué estar terminado para ser simplemente maravilloso. Entre las páginas de Demonios familiares he encontrado una muestra más del grandísimo talento de Ana María Matute, presente en su forma de escribir hasta el último instante: esos personajes tan bien elaborados, ese ambiente rural que recuerda a la Artámila, aquel territorio que inventó Matute para algunas de sus más conocidas novelas.

Hay varios personajes de este libro que me han llamado muchísimo la atención, pero sin duda mi favorito ha sido Yago, el criado y hermano de Eva. Se trata de un personaje completamente en la línea de los más originales que ha inventado Matute: su historia, un cruce entre la de Pablo de Fiesta al noroeste y Lauro «el Chino» de Primera memoria, lo hace quizás el personaje más interesante del libro. También caben destacar como grandes personajes Eva, la protagonista; Berni, el piloto; o el padre de Eva. Todos estos personajes, únicos y a su vez similares a otros figurantes en otras novelas de Matute, conforman una trama que, pese a estar inacabada y escrita en unas condiciones poco favorables, tiene momentos de absoluta brillantez que no hacen sino recordarnos la grandísima escritora que fue Matute.

Y es que, estando ya aquejada de una enfermedad que dificultaba su escritura, no se detuvo un solo momento: siguió en el empeño de escribir hasta que fue absolutamente imposible hacerlo. Y creo que, como lectora de sus novelas, no puedo hacer más que agradecerle todos estos libros que ha escrito y las tantísimas páginas con las que ha cambiado la narrativa española de las últimas décadas. Como bien dice la sinopsis, si bien no se trata de la novela más monumental de Matute, Demonios familiares se trata de un último regalo de una de las más grandes escritoras de la Literatura castellana.

Mi nota: 8/10.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Primera Memoria

¡Buenas de nuevo! Como prometí, en esta ocasión no he tardado mucho en hacer otra reseña. Esta vez traigo una cortita, como el libro del que voy a hablar: se trata de una novela de Ana María Matute que fue Premio Nadal en 1959. Como la mayoría de las cosas que he leído de esta autora, se lee en un suspiro, pero sin embargo lleva a una reflexión, como poco, curiosa.


Sinopsis: Los protagonistas de Primera memoria — Matia, Borja y Manuel— no quieren dejar de ser niños. Son adolescentes al borde del abismo de la edad adulta, con miedo a asomarse pero conscientes de que no tienen alternativa, de que no les queda más remedio que hacerlo. Se les acabó el tiempo. Y el poco que les quedaba lo consume una guerra que acaba de estallar y que se alarga, en la lejanía, y lo ensombrece todo. En aquel largo verano del treinta y seis, y bajo la mirada vigilante de su abuela, Matia y su primo Borja, un muchacho de quince años taimado y carismático, desgranan una rutina estival hecha de perezosas lecciones de latín, cigarrillos fumados a escondidas y escapadas en barca a las calas recónditas de la isla.

Como ya he dicho antes, es un libro relativamente breve y sencillo. Sigue las características generales de la prosa de Matute: a veces se pierde en las divagaciones de la narradora, Matia, y pese a que la historia principal es relativamente simple despliega una serie de personajes que son, como es característico en esta autora, una auténtica delicia.

Por un lado está Matia, la protagonista. En un principio parece una chica perfectamente normal de su edad: distraída de los estudios, algo confusa, y en cierto modo intentando sobrellevar de la mejor forma posible la estancia en casa de su abuela, con la cual convive desde el inicio de la guerra. Alrededor de ella empiezan a surgir una serie de personajes únicos en su especie: Borja, el carismático primo que conoce todas las tácticas para encandilar a la abuela; Manuel, el curioso muchacho con el que Matia entabla amistad… y, por supuesto, la figura de autoridad tan común en las novelas de Matute, en este caso representada por la abuela de los niños: autoritaria, conservadora y tremendamente pragmática. Otro personaje que me ha encantado, pese a ser bastante secundario, ha sido Lauro, «el Chino».

De momento no he leído mucho de Matute, pero sin duda tengo que decir que esta novela me ha encantado. En un contexto convulso y complejo como fue el de la Guerra Civil española saca a relucir historias que, en cierto modo, caminan en paralelo al conflicto: el nacimiento de la amistad entre Manuel y Matia, las lecciones con Lauro… pero sin embargo, realiza una perfecta disección de ese acto tan complejo que es crecer. Los protagonistas, situados en una edad complicada, van metamorfoseando y convirtiéndose en personas cada vez más diferentes. En cierto modo, Matia, Borja y Manuel se enfrentan a una guerra dentro de sí mismos: el conflicto de los dos bandos, representado por los padres de Borja y Matia, y el de intentar descubrir qué clase de personas quieren ser.

A fin de cuentas, esa es, en muchos casos, una de las más grandes decisiones que tienen que tomar las personas mientras están creciendo.

Mi nota: 7/10.

jueves, 16 de enero de 2014

Los girasoles ciegos

Hay algunas veces en esta vida en las que uno encuentra un libro que cambia la forma que tiene de ver la vida. En ocasiones ese impacto es más paulatino, menos notorio; otras una sola frase puede hacer que el lector se replantee todo en lo que ha pensado hasta ese momento. Esto, por supuesto, varía de una persona a otra: en sus gustos, en sus ideas, y en mil puntos más. Sin embargo, podría decir que esto fue lo que me sucedió hacen un par de tardes con Los girasoles ciegos. Ya había leído el libro con anterioridad, pero por diversos motivos — llamadlos inmadurez, poca atención o poco desarrollo crítico — no me impactó ni la mitad de lo que me ha impactado ahora. ¿Qué tiene este libro que tanto me ha impactado? Ni yo misma lo sé.


Sinopsis: Este libro es el regreso a las historias reales de la posguerra que contaron en voz baja narradores que no querían contar cuentos sino hablar de sus amigos, de sus familiares desaparecidos, de ausencias irreparables. Son historias de los tiempos de silencio, cuando daba miedo que alguien supiera que sabías. Cuatro historias, sutilmente engarzadas entre sí, contadas desde el mismo lenguaje pero con los estilos propios de narradores distintos que van perfilando la verdadera protagonista de esta narración: la derrota.

A priori podría aparecer en la cabeza de uno esa frase que tanto suena en el cine y la literatura española, “¿Otra historia más de la guerra civil? ¿Para qué, si son todas iguales?”. Si bien es cierto que el tema de la Guerra Civil y su inmediata posguerra ha sido un tema bastante explotado – muchas veces de forma errónea – por la literatura, el cine y la televisión en España, a mi modo de ver es un momento de la historia de nuestro país que no se puede olvidar bajo ninguna circunstancia. Es por ello por lo que la existencia de libros como éste son algo que se debería cultivar más que telenovelas de época barata: estos libros son retratos desgarradores y a la vez tremendamente realistas de lo que fue España durante la guerra y siguió siendo hasta prácticamente el último tercio del siglo XX.

Lo primero que llama la atención de Los girasoles ciegos. Un primer relato de apenas treinta páginas en el que se trata la dualidad entre vencedor y vencido; un segundo de apenas veinte en el que un poeta sangra palabras sobre lo único que le queda: su cuaderno y su hijo. El tercero y el cuarto, algo más extensos pero no por ello menos desgarradores, casi no llegan a las cincuenta páginas. Es por eso mismo, pues, por lo que catalogaría este libro como novela corta, ya que en su totalidad no pasa de las 150 páginas. 

Y sin embargo, vaya ciento cincuenta páginas. Es, sin más que decir, un retrato desgarrador de lo que fue de los vencidos al acabar la guerra. Los personajes son en su totalidad hijos de las sombras y de las heridas de la guerra: en todos sus casos, vencidos con mordaza que esperan pacientemente a que pase la guadaña sobre sus cabezas. Llamadlo Carlos Alegría, llamadlo Eulalio, llamadlo Juan Senra, llamadlo Ricardo Mazo. Al final, todos son víctimas de la misma guerra que, de una forma u otra, han perdido.

Poco más me queda que decir de este libro. Destacar la humanidad de sus personajes, el horror de sus historias, la paz en sus finales derrotados. No es una historia que vaya a gustar a todo el mundo, ni mucho menos. Pero a mí me ha llegado al alma: me ha trastocado, me ha enrabiado, me ha hecho llorar.

Podría decirse que, a fin de cuentas, los protagonistas de Los girasoles ciegos sí que han acabado obteniendo una victoria frente al mar de derrotas en el que se encontraban sumergidos.

Mi nota: 10/10.

miércoles, 18 de abril de 2012

La Voz Dormida

Este libro lo leí por primera vez hace mucho tiempo, tanto que casi no me acordaba cuando empecé a leerlo harán dos semanas, empezado justo el Domingo de Ramos. Y la verdad, me alegro de haberlo releído después de tanto tiempo, porque he conseguido entender mejor las cosas que no comprendí la primera vez que lo leí, quizás por los conocimientos que he ido adquiriendo sobre la Guerra Civil y la dictadura franquista, o quizás por ese crecimiento a nivel personal que he experimentado con el paso de los años. En cualquier caso, hay algo que no ha cambiado: la novela me ha gustado tanto, o incluso más, que la primera vez.


Sinopsis: Un grupo de mujeres, encarceladas en la madrileña prisión de Ventas, enarbola la bandera de la dignidad y el coraje como única arma posible para enfrentarse a la humillación, la tortura y la muerte. Pocas novelas podemos calificar como imprescindibles. La voz dormida es una de ellas, porque nos ayuda a bucear en el papel que las mujeres jugaron durante unos años decisivos para la historia de España. Relegadas al ámbito doméstico, decidieron asumir el protagonismo que la tradición les negaba para luchar por un mundo más justo. Unas en la retaguardia, y las más osadas en la vanguardia armada de la guerrilla, donde dejaron la evidencia de su valentía y sacrificio.

Tengo que admitir que la primera vez que leí este libro no entendía ni la mitad de términos que se utilizaban en ella. Para mí aquello de "lentejas de Negrín", "la Dolores" y otras muchas cosas eran completamente desconocidas. Aunque la novela me acabó gustando, no se puede comparar con ahora, que ya conozco el tema de la Guerra Civil y la posguerra en profundidad, y por lo tanto he sabido sacarle mucho más partido a la historia. Además, el estilo literario de Dulce Chacón, que he encontrado magnífico, también me ha capturado mucho más que la primera vez que leí la novela, ahora que he aprendido a valorar la calidad literaria auténtica.

Quizás lo que más me ha gustado de la historia son, ni más ni menos, los personajes. Los de fuera y los de dentro, por decirlo de alguna manera. Dentro están Hortensia, la luchadora idealista y comprometida que no renunciará a sus ideales, y sus compañeras de celda: Reme, la abuela asustada, Elvirita, la niña de la maleta y la melena roja, y Tomasa, la extremeña de piel cetrina, valiente y dura como ella sola. Todas tienen una historia desgarradora, que más de una vez te hace revolverte en la butaca de un escalofrío. Pero la cosa no se acaba en la puerta de la prisión de Ventas. También están los de fuera, que sufren casi tanto como los de dentro. Pepita, la hermana de Hortensia, que se desvela por hacer llegar comida y ropa a su hermana, a su querida hermana. Paulino González, que luego fue Jaime Alcántara, y el marido de Hortensia, Felipe, que luego llegaría a ser Mateo Bejerano. Ellos también cuentan una historia, directamente relacionada con el día a día que padecen las mujeres que están presas en Ventas. Y es la profundidad con la que llegas a conocer a los personajes, la facilidad con la que llegas a conocer todas sus acciones y pensamientos, lo que más me ha gustado del libro. Porque reír, llorar y sentir con los personajes de una novela como si los conocieras de toda la vida no tiene precio.

Supongo que a no todo el mundo que haya leído esta novela le habrá causado la misma impresión que a mí, pero si no la habéis disfrutado aún, os invito a hacerlo lo antes posible. No lo lamentaréis. Y, a ser posible, sería recomendable que después de leer la novela la complementáseis con la película de Benito Zambrano que, aunque no tan detallada como la propia novela, sí que es una excelente adaptación.

Mi nota: 10/10.

miércoles, 22 de febrero de 2012

La Sombra del Viento

Y aquí tenéis la esperada reseña para La Sombra del Viento, después de a penas una semana y media de lectura exhaustiva, teniendo en cuenta que he tenido seis horas de clase diarias y bastante que estudiar.


Lo primero que me gustaría aclarar es que conozco el título de este libro desde que tengo uso de razón. Recuerdo poder tener más o menos siete u ocho años y ver a mi madre leyendo el libro, sentada en la butaca del salón. En aquel momento no me llamaba mucho la atención – yo me centraba más en Gerónimo Stilton y Kika Superbruja – pero años más tarde, gracias a un análisis en profundidad de la estantería del salón de mi casa, me topé con el ejemplar de mi madre, de 2002 nada menos. Diez años ahí guardado, esperando a que yo lo cogiera y empezara a leerlo. Ahora me puedo sentir un poco como Daniel Sempere cuando tuvo en sus manos La Sombra del Viento, de Julián Carax. Mientras leía, he tenido la sensación de que el libro estaba ahí, esperándome para que empezase a leerlo en cualquier momento. Y, a decir verdad, he disfrutado de cada segundo de lectura al máximo.

Sinopsis: Un amanecer de 1945 un muchacho es conducido por su padre a un misterioso lugar oculto en el corazón de la ciudad vieja: El Cementerio de los Libros Olvidados. Allí, Daniel Sempere encuentra un libro maldito que cambiará el rumbo de su vida y le arrastrará a un laberinto de intrigas y secretos enterrados en el alma oscura de la ciudad. La Sombra del Viento es un misterio literario ambientado en la Barcelona de la primera mitad del siglo XX, desde los últimos esplendores del Modernismo a las tinieblas de la posguerra.

Para empezar con mi reseña, creo que tengo que decir algo que seguro que os gustará: me ha parecido que esta novela lo tiene todo. Absolutamente todo lo que yo he ido buscando exhaustivamente en los libros que leo a lo largo de los años lo he encontrado aquí, recopilado en quinientas setenta y cinco páginas escritas con el lenguaje fresco y trepidante de Carlos Ruiz Zafón. Tiene Historia Contemporánea española, ya que la acción se desarrolla en la Barcelona de la posguerra. En cierto modo me ha resultado gracioso reconocer alguno de los lugares por los que Daniel y el resto de los personajes desfilan: la avenida del Tibidabo, la ronda de San Antonio… las calles góticas de Barcelona que cobran vida en una novela ambientada cincuenta años antes de mi nacimiento. Otro elemento fundamental ha sido la fantasía justa y necesaria que contiene la obra. Nunca he sido muy de novelas tipo El Señor de los Anillos, pero nunca me niego a una buena dosis de eventos que a veces no se pueden explicar. Y por último, el elemento amoroso. Si bien no soy tampoco muy fan de la novela rosa, un poquito de romanticismo en una novela siempre me agrada.

Con respecto a los personajes, he acabado encariñándome bastante con ellos, cosa que me encanta, aunque luego me de lástima terminar el libro y tener que dejarlos a todos. De todos los personajes que han aparecido en la novela, creo que hay dos que me han gustado particularmente: Fermín Romero de Torres, ayudante de la librería y mejor amigo de Daniel, además de todo un bromista que me ha hecho tener que dejar el libro más de una vez para soltar unas buenas carcajadas por sus ocurrencias; y Miquel Moliner, mejor amigo de la infancia de Julián Carax. Este último tiene una aparición en la novela relativamente breve, pero me ha resultado un personaje bastante entrañable y al que, en cierto modo, creo asemejarme.

En fin, la novela me ha encantado y me ha parecido brillante en todos los sentidos. Ya tengo comprado El Prisionero del Cielo, y pendiente El Juego del Ángel, ya que prefiero leer antes el tercer libro para saber qué depara el futuro a Daniel, Fermín, Bea y todos los demás.

Mi nota: 8/10.