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viernes, 2 de junio de 2017

El paciente inglés

De nuevo, pasa el tiempo y yo solo aparezco por aquí cuando leo un libro que me haya calado lo suficiente como para dedicar un poco de esta estresante vida universitaria a hablar de ello por aquí. Ha pasado casi un curso desde mi última entrada y, para mayor o menor sorpresa, llevaba todo ese tiempo sin leer ningún libro que me supusiera el mismo impacto que el de Almudena Grandes. Y sin embargo, hace unos meses descubrí a Michael Ondaatje, y con él esta maravilla de libro.


Sinopsis: En los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, cuatro personajes se reúnen en una villa en ruinas en la Toscana: un enigmático hombre sin memoria, que agoniza con el cuerpo completamente quemado, una joven enfermera que cree traer la desgracia a cuantos ama, un cínico superviviente mutilado y un sij dedicado a la desactivación de explosivos… Cuatro extranjeros de sí mismos, atrapados en la retaguardia de sus recuerdos, que van recomponiendo el destrozado mosaico de sus identidades a través de las intermitentes y atormentadas revelaciones de una historia de amor y celos.

Creo que lo más acertado es comenzar diciendo que ya conocía esta historia por la película de 1996 de Anthony Minghella —aunque solo recordaba la trama vagamente, me sirvió para entrar al libro sabiendo alguna que otra cosa más de Lászlo de Almásy que el lector que se sumerja en él sin haber tenido contacto con el film— y, desde luego, no era mi primer acercamiento a la prosa de Ondaatje. Hace unos meses leí El sueño de Anil —publicado en Debolsillo en 2011, pero cuya primera edición se remonta a 1999— y me resultó completamente fascinante: la narración de Ondaatje es seria, delicada y absolutamente poética; en El paciente inglés, por supuesto, la mantiene con unos tonos de belleza léxica que en más de una ocasión me han dejado pasmada, releyendo el mismo párrafo una vez y otra.

Y es que lo mejor de El paciente inglés es, probablemente, la belleza que emana de sus páginas. No solo por la calidad de la prosa, sino por la sutilidad y profundidad de sus cuatro personajes principales: la enfermera Hana, una muchacha que a sus veinte años ha visto demasiado como para poder llevar una existencia tranquila; el conde Lászlo de Almásy, un cartógrafo húngaro que ha acabado postrado en una cama por una serie de quemaduras que le han calcinado todo el cuerpo; Caravaggio, un ladrón sin pulgares que vuelve a la vida de Hana tras años de ausencia; y Kip, un joven zapador Sij cuya existencia encarna esa dicotomía persistente en el mejor Ondaatje entre Oriente y Occidente. Cada uno de ellos conmueve y se aproxima al lector a su manera, pero siempre con el mismo encanto que todo personaje mimado y bien estudiado por Ondaatje: al final, una no puede hacer otra cosa que caer presa de los encantos del joven Almásy y reír ante las ocurrencias de Caravaggio. Son personajes que tienen un efecto casi magnético en el lector: representan, en suma, lo mejor y lo peor de lo que sucedió en África, en Italia y en todas partes durante aquellos oscuros años que fueron los de la Segunda Guerra Mundial.

En lo que respecta a la trama, requiere en gran medida de la participación activa del lector: se encuentra ampliamente fragmentada y, en sus vaivenes por la historia de los cuatro personajes, explica de paso cómo fue la guerra alejada de las trincheras europeas, entre las dunas del desierto y con la desesperación de Almásy o la turbulenta vida de Kip como telón de fondo. En cierto modo podría calificarse como una novela posmoderna, tanto en su estructura como en el tratamiento de ciertos temas a lo largo del libro: sin embargo, prescindiré de dichas etiquetas y me limitaré a decir que es una novela que sigue mereciendo la pena y que se encuentra en toda su actualidad aún veinticinco años después de su publicación. Y, como conclusión, una última recomendación para aquellos que decidan adentrarse en esta maravillosa novela: no dejéis de ver la película de Anthony Minghella cuando hayáis acabado, porque es una de las más maravillosas que he visto nunca. Aunque tal vez, visto desde la perspectiva estrictamente literaria, tiene gran parte del mérito el tener un libro como este en sus raíces.

Mi nota: 9/10.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Inés y la alegría

Estoy empezando a darme cuenta de que este blog ha acabado por convertirse en una especie de refugio ocasional. Hoy por hoy —hace un año de mi última entrada, pero me gusta pensar que el tiempo no ha pasado en este rinconcito de la red— solo lo utilizo, de forma ocasional, para recomendar los mejores libros que leo. Y, en cierto modo, me gusta que sea así. Hoy traigo un libro que, después de más de 700 páginas sumergida en la tibia frontera entre el Valle de Arán, Toulouse y Pont de Suert, se ha convertido en una historia de esas que se quedan, que emocionan, que duele acabar. Porque eso es lo que ha sido Inés y la alegría para mí: una aventura de principio a fin.


Sinopsis: Toulouse, 1939. Carmen de Pedro, responsable en Francia de los diezmados comunistas españoles, se cruza con Jesús Monzón; años después, en 1944, Monzón contará con un ejército de hombres dispuestos a invadir España. Entre ellos está Galán, quien cree que, tras el desembarco aliado y la retirada de los alemanes, es posible establecer un gobierno republicano en Viella. No lejos de allí, Inés, que apoyó la causa republicana durante la guerra, oye a escondidas el anuncio de la operación Reconquista de España en Radio Pirenaica, y se arma de valor, y de secreta alegría, para dejar atrás los peores años de su vida.

Inés. Galán. Galán e Inés. Inés y Galán. Ese es el eje central de la novela, la cual está contada a tres voces: la de sus dos protagonistas, alternando capítulos bastante extensos entre la perspectiva de uno y otro, y la tercera, la de la propia autora. Porque Inés y la alegría no es solo una intensa historia de ficción sobre las consecuencias de la guerra y aquella intrépida y valerosa ofensa que fue la del Valle de Arán, sino también una inmensa lección de Historia con la que se aprende más sobre la estructura y los altibajos del Partido Comunista de España en la posguerra que con cualquier manual de Historia. Por sus páginas desfilan personajes reales de todos los tamaños: desde titanes como Dolores Ibárruri o Santiago Carrillo hasta personajes tan desconocidos pero sumamente curiosos como Jesús Monzón.

El trabajo de documentación de Almudena Grandes es, por tanto, apabullante. Ya lo pude comprobar al leer El lector de Julio Verne, segunda entrega de esta saga de Episodios de una guerra interminable que leí en enero de 2015 —cuánta emoción me hizo la mención a Pepe el Portugués al final de esta historia, por cierto—; sin embargo, en esta primera parte destaca un minucioso estudio de un episodio tan desconocido como fue la invasión del Valle de Arán en octubre de 1944. La idea de Grandes de documentar un hecho tan poco conocido y que fue enterrado en el olvido, tanto por unos como por otros, me parece una decisión absolutamente admirable. Y, por supuesto, lo hace con una maestría y un estilo inigualables.

Pese a ser la segunda novela de la autora que leo, me aventuraría a decir que esta es la más redonda de las dos. Donde los personajes de El lector de Julio Verne eran entrañables, los de Inés y la alegría son absolutamente humanos; humanos dañados por la guerra, por el hambre, por la rabia y por el exilio. Pese a todo, hay cabida para esos sentimientos universales que Grandes sabe explotar de una forma exquisita: el amor, la amistad, la esperanza y, como indica el título del libro, la alegría. Más allá de los personajes principales, de los que hablaré más adelante, la autora despliega todo un abanico de secundarios que dan la sensación de ser seres humanos completamente vivos y reales: desde el entrañable Comprendes —quizás mi favorito— hasta Adela, esa cuñada tan deliciosamente buena, todos ellos dejan ver diferentes visiones y formas de encarar la guerra y todos los años que la siguieron de una forma humana y, muchas veces, mucho menos cruenta de lo que se suele esperar en novelas de este tipo. Lo cual, al menos en mi caso, resulta un verdadero respiro.

Por otro lado, tenemos a Inés y Galán. Galán e Inés. Dos narradores sobre cuyos hombros se deposita todo el peso de la novela, y que la autora consigue que lleven con absoluta facilidad e, incluso, grandeza. Enamorarse de Galán es tan fácil que no cuesta imaginarse por qué Inés lo hace prácticamente al llegar a Pont de Suert, pero con ella esa inmensa sensación de cariño y familiaridad llega incluso antes. Es una chica cuya vida se ve completamente rota por la guerra, y cuyo único afán, durante años, se convierte en intentar sobrevivir. Es curioso observar cómo deja de ser la niña de los ojos de su hermano Ricardo, personaje interesante donde los haya, para convertirse en una muchacha de firmes convicciones republicanas durante la guerra; después de eso, su despegue como personaje y como mujer llega a ser incluso apabullante.

Otro aspecto a destacar en estos personajes son las relaciones que se establecen entre ellos: no solo las amorosas, absolutamente enternecedoras, sino también las de amistad. La de Comprendes y Galán es, quizás, la que más emociona; sin embargo, también lo hace la que surge entre las mujeres que, en el exilio, comienzan a trabajar bajo el mismo techo y viven juntas los altos y los bajos de vivir en una tierra ajena, enamoradas de hombres dispuestos a luchar hasta el final. Porque este aspecto es también uno de los más importantes de la novela: los fragmentos en los que, más allá de la guerra, del amor y de cualquier otra cosa, se convierte en una historia de mujeres que, ayudadas las unas por las otras, hacen lo imposible por sobrevivir.

Así pues, creo que puedo afirmar que Inés y la alegría se ha convertido en mi gran libro de 2016. Pendiente queda Las tres bodas de Manolita, el único «episodio» publicado que me falta por leer, y el cuarto volumen, Los pacientes del doctor García, previsto para su publicación en marzo de 2017.  Sin embargo, dudo mucho que ninguno me deje tanto poso como este: he pasado más de una semana prácticamente pegada a sus páginas y, al acabarlo, he sentido esa sensación de vacío que viene al finalizar un gran libro y que apenas recordaba ya. Inés, Galán, Comprendes, el Lobo y muchos más seguirán en mi cabeza durante mucho más tiempo del que he pasado leyendo la novela: ese grupo de exiliados que, a su manera, ha acabado configurando una gran familia de la que uno llega a sentirse parte. Es un relato vivo, optimista y maravilloso: un canto a la vida dentro de un género que, precisamente, se caracteriza por tener finales amargos y crudos.

A fin de cuentas, incluso en la más cruenta de las guerras puede encontrarse un resquicio de amistad, amor y valentía que permita a sus héroes seguir adelante.

Mi nota: 10/10.

martes, 1 de septiembre de 2015

Stoner

Llevaba meses sin entrar en este blog pero, después de terminar este libro, he sentido la necesidad de hacerlo. Porque llevaba muchísimo tiempo sin sentir tantas emociones al leer un libro, porque quizás es justo lo que necesitaba a un par de semanas de empezar en la universidad. Porque quizás se haya convertido en uno de mis libros favoritos, y porque quizás haya sido uno de esos libros que te cambian la perspectiva con la que diriges tu vida por completo. Vamos con Stoner.


Sinopsis: William Stoner entró como estudiante en la Universidad de Missouri en el año 1910, a la edad de diecinueve años. Ocho años mas tarde, en pleno auge de la Primera Guerra Mundial, recibió el título de Doctorado en Filosofía y aceptó una plaza de profesor en la misma universidad, donde enseñó hasta su muerte en 1956. Nunca ascendió más allá del grado de profesor asistente y unos pocos estudiantes le recordaban vagamente después de haber ido a sus clases. Cuando murió, sus colegas donaron en su memoria un manuscrito medieval a la biblioteca de la Universidad. Este manuscrito aún puede encontrarse en la Colección de Libros Raros, portando la siguiente inscripción: «Donado a la Biblioteca de la Universidad de Missouri, en memoria de William Stoner, Departamento de Inglés. Por sus colegas».

Ni siquiera sé muy bien por dónde empezar con esta reseña. Es un libro que he devorado en cosa de dos días —las vacaciones ayudan, por supuesto— y ahora mismo, aun habiendo pasado un buen rato desde que cerré esta maravilla de libro por última vez, no sé si conozco del todo la forma de poner mis pensamientos en orden al respecto.

Es una novela con un argumento sencillo, sencillísimo incluso. Narra la vida de un profesor de Literatura en una pequeña universidad del Sur de Estados Unidos. Hijo de granjeros, William Stoner llega a la universidad y se encuentra con un mundo hasta entonces desconocido para él, y de eso trata precisamente el libro: de Stoner, de su amor por la Literatura y de cómo esta acaba absorbiendo cada detalle de su vida.  A Stoner se le presenta como un personaje agradable desde el principio, pero ha sido a lo largo de las páginas —y por tanto, de su vida— cuando me he dado cuenta de que es justo el tipo de persona que me gustaría ser el día de mañana. No solo porque mis aspiraciones laborales sean bastante similares a las suyas, sino por lo excepcional en cada rasgo de su personalidad: pese a todas las adversidades que se le presentan, la bondad y la capacidad de seguir adelante de Stoner son prácticamente la luz que guía la historia.

Y no es una historia feliz. Uno podría decir que Stoner vive una vida incluso miserable —en muchos aspectos, lo es— pero personalmente me gusta pensar que pese a todo Stoner llega a hacer lo que más le gusta, lo que conforma el propósito de su vida a lo largo de toda la novela, más allá del amor o de la amistad: enseñar. Y es esa descripción de la enseñanza, realizada con una ternura y afán que tan solo sabría alcanzar alguien que ha dedicado su vida a ello, ha sido quizás lo que más me ha gustado de toda la novela.

También cabe destacar la magnífica prosa de John Williams. Tengo que admitir que el nombre del autor ni siquiera me sonaba antes de que Stoner llegara a mis manos, y es algo que me parece una verdadera lástima, porque creo haber encontrado en él una de las mejores voces de la literatura americana del siglo XX. Hay párrafos enteros de Stoner que se acercan más a la poesía que a la prosa: palabras que consiguen hacer que el lector se sumerja al cien por cien en la historia, generando una afinidad casi inexplicable con el antihéroe que en realidad es William Stoner. Pero es este Stoner, con su entereza y fortaleza personal, al que describe con una riqueza casi sobrecogedora, lo que le da fuerza a toda la novela. Sin embargo, hay una parte de la novela que cabe destacar sobre todo lo demás, y son los últimos párrafos de esta. Williams tiene aquí una capacidad de hilar las palabras y hacerlas vibrar de una forma que aun ahora, horas después de haber terminado de leer el libro, me hacen estremecerme y reflexionar sobre esta pequeña joya que acabo de leer.

Sin ir más allá, creo que solo me queda decir —aunque tal vez sea ya bastante evidente— que Stoner es probablemente la mejor novela que he leído en lo que llevo de año, y que es más que probable que se convierta en uno de esos libros que no me canso de recomendar. Porque Stoner es una de esas maravillas que llegan en momentos inesperados: es auténtica, es sencilla, es maravillosa. Es una lección de humanidad de las que a todos nos hacen falta de vez en cuando. Y por supuesto, es todo un cántico a la enseñanza y a la Literatura. Sencillo en su presentación y humilde en su público, incluso en esto parece ajustarse a la personalidad del bueno de Stoner: ¿para qué atraer a grandes audiencias cuando puede mantener con una sonrisa en los labios y un hormigueo en los dedos a una cría como yo al concluir una reseña sobre un libro como este, con toda una serie de perspectivas nuevas que ni siquiera se le había ocurrido plantearse antes?

Tal y como diría William Stoner momentos antes de concluir su gran aventura: «¿Qué esperabas?».

Mi nota: 10/10.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Las vírgenes suicidas

Esto de ir a tres exámenes por semana parece acaba con cualquiera. ¡Pero aquí estoy! En estos dos meses he leído algunos libros, pero me apetecía reseñar este. Lo leí hace más de un mes, pero igualmente me ha apetecido reseñarlo: sin ser para nada del tipo de libros que suelo leer, incluso después de un mes me encuentro aún pensando en él de vez en cuando, como el recuerdo que surge ocasionalmente de un libro particularmente bueno.


Sinopsis: En menos de un año y medio, las cinco hermanas Lisbon, adolescentes entre trece y diecisiete años, se suicidaron. Los jovencitos del barrio habían estado siempre fascinados por esas inalcanzables jóvenes en flor, y veinte años después, aquellos chicos ya en la frontera de la mediana edad, intentan desentrañar el enigma de aquellas lolitas muertas que siguen fascinándolos.

Lo primero que hay que decir es que esta historia llevaba llamándome la atención bastante tiempo. Tenía intención de ver la película de Sofia Coppola — la vi después de leerlo y tengo que decir que, pese a ser una adaptación bastante buena, como película me dejó bastante fría — y, sin embargo, me regalaron el libro por Navidades y no pude resistirme a leerlo. Y me alegro bastante de haberlo hecho: la historia de las hermanas Lisbon y la forma de narrar de Eugenides son ambas, como poco, estupendas.

Por un lado tenemos a las misteriosas hermanas Lisbon, que se asemejan en cierto modo al típico grupo de niñas de una familia con dudosas tendencias ultrareligiosas. Estas niñas, pese a tener poco desarrollo a lo largo de la novela, se presentan al principio de esta como meros bocetos, un batiburrillo de cinco muchachas sin distinción entre una y otra. Sin embargo, conforme avanza la historia Eugenides nos otorga ciertos detalles que nos presentan a las Lisbon como lo que verdaderamente eran: individuas diferentes unidas por la tragedia y la falta de sentido que le encuentran a la vida.

Sin embargo, cabe decir que hay algo que me ha gustado incluso más que el retrato de las hermanas Lisbon, y es la forma de narrar la historia de Eugenides. El narrador en este caso es completamente externo: un muchacho del barrio, cuyo nombre no conocemos en ningún momento, que observa la tragedia de la familia Lisbon junto con sus amigos. Es sin duda la forma más adecuada de narrar esta historia, en cierto modo de la misma manera que la observa el lector: en primera persona, dejando traslucir los sentimientos de horror y sorpresa que habría producido el episodio de las hermanas Lisbon en el barrio en el que vivían.

En todo, el libro me ha parecido una obra breve, pero indudablemente brillante. No había leído nada de Eugenides, pero sin duda alguna se trata de un narrador excelente — ya tengo Middlesex pendiente para leerlo — y con una imaginación tremenda. De Las vírgenes suicidas no solo impacta como historia, sino como novela estremecedora y brillantemente narrada. De todas las formas que se pueden abarcar temas como el suicidio, la adolescencia o la falta de motivación en la vida, la de Eugenides se trata de una de las más brillantes que he visto hasta la fecha.

Mi nota: 8/10.

miércoles, 7 de enero de 2015

El lector de Julio Verne

¡Primera entrada del 2015! Para recibir el año traigo un libro de Almudena Grandes que he estado leyendo estos días antes de la inexorable vuelta a clase — qué emoción — y que me ha gustado tanto que me apetecía compartirlo con una reseña. Esta vez nos quedamos en España, más concretamente en la Sierra Sur de Jaén, en el año 1947; pero no por ello el libro es menos impresionante. Más bien al contrario.


Sinopsis: Nino, hijo de guardia civil, tiene nueve años, vive en la casa cuartel de un pueblo de la Sierra Sur de Jaén, y nunca podrá olvidar el verano de 1947. Pepe el Portugués, el forastero misterioso, fascinante, que acaba de instalarse en un molino apartado, se convierte en su amigo y su modelo, el hombre en el que le gustaría convertirse alguna vez. Mientras pasan juntos las tardes a la orilla del río, Nino se jurará a sí mismo que nunca será guardia civil como su padre, y comenzará a recibir clases de mecanografía en el cortijo de las Rubias, donde una familia de mujeres solas, viudas y huérfanas, resiste en la frontera entre el monte y el llano. Mientras descubre un mundo nuevo gracias a las novelas de aventuras que le convertirán en otra persona, Nino comprende una verdad que nadie había querido contarle: en la Sierra Sur se está librando una guerra, pero los enemigos de su padre no son los suyos. Tras ese verano, empezará a mirar con otros ojos a los guerrilleros liderados por Cencerro, y a entender por qué su padre quiere que aprenda mecanografía.

Antes que nada supongo que tengo que aclarar que sí, en efecto, es otro libro sobre la posguerra. ¿Qué hay de malo en ello? Como ya dije reseñando Los girasoles ciegos y La voz dormida la historia del siglo XX de nuestro país fue una guerra que no llegó a tener fin (tal y como se llama esta serie de libros de Almudena Grandes, Episodios de una guerra interminable) hasta muchísimo después de ese uno de abril de 1939. Por ello mismo, por mucho que se critique este tipo de literatura, soy de la opinión de que siempre será necesaria, simplemente para que no caiga en el olvido. Siempre desde un punto de vista novedoso y sin historias demasiado trilladas, por supuesto; aunque por desgracia, de aquellos años hay un sinfín de historias que quedan por relatar.

En este caso nos centramos en una historia real, como todas las de esta serie de novelas de Almudena Grandes. Según cuenta la autora en la solapa del libro, en este caso narra la historia de un viejo amigo suyo de Jaén, hijo de guardia civil y testigo de la guerra silenciosa que se vivió en España tras la guerra: la guerra de guerrillas, que hizo zozobrar pueblos enteros a lo largo de los cuatro puntos cardinales de la Península. La autora lo disfraza todo con distintos nombres, pero la historia en sí sigue siendo la misma, narrada de una forma sencilla, eficaz y en muchos casos sobrecogedora.

Los personajes que conforman la historia también son de lo más destacables. Mi favorito, sin duda, ha sido Pepe el Portugués, aunque también destacan las Rubias y doña Elena. En general son unos personajes interesantísimos, sumamente realistas y, sobre todo, con historias que reflejan perfectamente lo que fue de los vencidos al terminar la contienda. Incluso los personajes que aparecen con menos frecuencia, como la familia de Nino o su profesor, don Eusebio, acaban formando un retrato bastante fidedigno de lo que fue la más inmediata posguerra y las circunstancias a las que se vio sometido el pueblo español, sobre todo en el ámbito rural.

Seguramente es un libro que no gustará a todo el mundo, y probablemente por meras cuestiones políticas. Supongo que es algo inevitable, pero es de esos libros que, dado el carácter de la mayoría de los personajes, no gustaría a nadie que no esté convencido de quién se llevó más mazazos a lo largo de la guerra y en la más inmediata posguerra, y sobre todo de que eran absolutamente inmerecidos. En cualquier caso, a mí me ha parecido un libro bastante completo: humano, con una trama bastante curiosa, unos personajes bastante cuidados y un estilo muy bueno. Es el primer libro que leo de Almudena Grandes (pendientes tengo los otros dos Episodios de una guerra interminable que ya han sido publicados), pero no será el último.

Mi nota: 8/10.

domingo, 28 de diciembre de 2014

El secreto

Hacía tiempo, más del que me gustaría, que no leía un libro que me trastocase tanto. Quizás en el buen sentido de la palabra, quizás no: hace tan solo unas horas que terminé de leer El secreto, y sin embargo aún no he conseguido sacar nada en claro. Solo sé que me ha encantado, en todos los aspectos en los que puede encantarme un libro: francamente, hacía tiempo que no leía uno tan bueno y tan redondo. Quizás haya sido el particular interés que le profeso al adorno principal de la trama — el mundo clásico — o quizás haya sido otra cosa, pero desde luego tengo que decir que este libro me ha enamorado por completo.


Sinopsis: La vida no es fácil en un college de Nueva Inglaterra si eres un chico modesto y falto de afecto que llega de California, y Richard Papen lo sabe; por eso agradece que lo admitan en un pequeño grupo de cinco estudiantes capitaneados por un profesor de literatura clásica con mucho carisma y pocos escrúpulos. Los chicos sueltan comentarios en griego y se ríen de la ingenuidad y la torpeza de los demás, pero bien mirado se pasan el día bebiendo y engullendo pastillas, hasta que un mal día lo que parecían chiquilladas se convierten en asuntos donde la muerte tiene algo que decir. Es entonces cuando Richard y su pandilla descubren qué difícil es vivir sin máscaras y qué fácil es matar sin remordimientos.

La verdad es que ni siquiera sé por dónde empezar. Este libro cayó en mis manos por mi cumpleaños: llevaba viendo varias reseñas muy positivas en Goodreads varios meses, y la trama me llamaba bastante. Se me antojaba un El club de los poetas muertos del Griego clásico. En cierto modo lo es, pero a su vez no tiene absolutamente nada que ver: sin embargo, recoge todos los elementos de este tipo de historias que mantienen un denominador común: los alumnos entusiastas, jóvenes con delirios de grandeza y la inmensa importancia de la Literatura en sus vidas cotidianas.

Cabe decir que la prosa de Donna Tartt me ha gustado muchísimo, pese a ser algo de esperar de un Premio Pulitzer. Tiene un estilo no excesivamente rebuscado, pero con un buen vocabulario y una amplia gama de recursos que utiliza con frecuencia (pero sin abusar). El desarrollo de todos sus personajes es más que inminente a lo largo del libro: los que en un principio se presentan más afables acaban siendo despiadados, cada uno a su forma; los más arrogantes o frívolos acaban siendo los que le salvan la vida al protagonista.

Aunque los seis personajes principales (siete, con el profesor de Griego) me han encantado, me han llamado la atención de una forma particular Henry Winter y Bunny Corcoran. Henry por ser ese genio millonario que dedica su vida a los estudios, una especie de erudito encerrado en el cuerpo de un joven de veintiún años; Bunny, sobre todo, por el carácter afable y a su vez agrio que presenta sin tapujos. Bunny es, en mi opinión, quizás el personaje más interesante, ya que en cierto modo es el detonante de todos los eventos que se narran de más o menos la página doscientos cincuenta en adelante. Aunque en realidad, en un libro como este, hacer una afirmación así es un tanto osado: todos y cada uno de los personajes de El secreto tienen algo que los hace únicos, inigualables, impredecibles.

Visto todo esto, creo que se puede concluir que este es un libro como pocos: me ha resultado absolutamente redondo. Sus 770 páginas se llevan bastante bien, y los temas a tratar son prácticamente universales literarios: la vida, la muerte y la juventud. ¿Hasta qué punto se puede salir impune de un asesinato, legal y moralmente? ¿Cómo se enfrentan a la realidad seis jóvenes con delirios de grandeza? 

Supongo que tal vez me ha gustado tanto porque me he visto en la edad o momento adecuado para comprender a los protagonistas en bastantes más casos de los que debería. El ser estudiante de Griego también debe de haberme contagiado parte del entusiasmo, pero creo que, en todo, lo que más me ha gustado de todo el libro ha sido que he acabado considerándolo como una gran reflexión sobre la muerte en una persona joven (θάνατος του νεαρού) y el impacto que tiene esta: podría considerarse una especie de relato de la muerte de Patroclo en una sociedad moderna, si bien los símiles con el mundo clásico pueden ser infinitos ya que, si en algo destacaron los griegos, fue en el desarrollo de tragedias desgarradoras y cruentas historias épicas que aún son fundamentales para comprender el mundo a día de hoy.

A fin de cuentas, como decían los antiguos griegos y citaba Julian Morrow al principio de la novela, el horror es belleza.

Mi nota: 10/10.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Demonios familiares

Soy consciente de que subí la última entrada ayer mismo, pero después de escribir la de Primera memoria me quedé con ganas de hablar de este libro que compré en Atocha a la vuelta de un fin de semana en Madrid. Lo encontré por casualidad, y me llamaba la atención que se tratara de una obra póstuma de la fallecida en este año Ana María Matute, por lo que me lo compré para leerlo en el tren. Y, la verdad, mientras lo hacía no tenía la menor idea de que iba a acabar encontrándome con semejante maravilla de libro.


Sinopsis: Demonios familiares es una historia de amor y culpabilidad, de traiciones y amistad, al más puro estilo de la autora. Transcurre en una pequeña ciudad interior española en 1936, con una protagonista femenina que pronto será inolvidable.

En un principio la sinopsis no dice demasiado, aunque ya se puede adivinar en ella que, aun en su última novela, la autora no abandonó el tema que tanto abundó en sus novelas: el de la Guerra Civil y el crecimiento de una protagonista, en este caso Eva, a lo largo de esta. Alrededor de esta trama se irán desplegando, como es habitual en la prosa de Matute, una serie de personajes completamente dispares que, a su vez, irán formando un todo que, dado el carácter póstumo de la novela, no pudo ser rematado como solía hacer la autora en todas sus novelas.

Pero un libro no tiene por qué estar terminado para ser simplemente maravilloso. Entre las páginas de Demonios familiares he encontrado una muestra más del grandísimo talento de Ana María Matute, presente en su forma de escribir hasta el último instante: esos personajes tan bien elaborados, ese ambiente rural que recuerda a la Artámila, aquel territorio que inventó Matute para algunas de sus más conocidas novelas.

Hay varios personajes de este libro que me han llamado muchísimo la atención, pero sin duda mi favorito ha sido Yago, el criado y hermano de Eva. Se trata de un personaje completamente en la línea de los más originales que ha inventado Matute: su historia, un cruce entre la de Pablo de Fiesta al noroeste y Lauro «el Chino» de Primera memoria, lo hace quizás el personaje más interesante del libro. También caben destacar como grandes personajes Eva, la protagonista; Berni, el piloto; o el padre de Eva. Todos estos personajes, únicos y a su vez similares a otros figurantes en otras novelas de Matute, conforman una trama que, pese a estar inacabada y escrita en unas condiciones poco favorables, tiene momentos de absoluta brillantez que no hacen sino recordarnos la grandísima escritora que fue Matute.

Y es que, estando ya aquejada de una enfermedad que dificultaba su escritura, no se detuvo un solo momento: siguió en el empeño de escribir hasta que fue absolutamente imposible hacerlo. Y creo que, como lectora de sus novelas, no puedo hacer más que agradecerle todos estos libros que ha escrito y las tantísimas páginas con las que ha cambiado la narrativa española de las últimas décadas. Como bien dice la sinopsis, si bien no se trata de la novela más monumental de Matute, Demonios familiares se trata de un último regalo de una de las más grandes escritoras de la Literatura castellana.

Mi nota: 8/10.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Primera Memoria

¡Buenas de nuevo! Como prometí, en esta ocasión no he tardado mucho en hacer otra reseña. Esta vez traigo una cortita, como el libro del que voy a hablar: se trata de una novela de Ana María Matute que fue Premio Nadal en 1959. Como la mayoría de las cosas que he leído de esta autora, se lee en un suspiro, pero sin embargo lleva a una reflexión, como poco, curiosa.


Sinopsis: Los protagonistas de Primera memoria — Matia, Borja y Manuel— no quieren dejar de ser niños. Son adolescentes al borde del abismo de la edad adulta, con miedo a asomarse pero conscientes de que no tienen alternativa, de que no les queda más remedio que hacerlo. Se les acabó el tiempo. Y el poco que les quedaba lo consume una guerra que acaba de estallar y que se alarga, en la lejanía, y lo ensombrece todo. En aquel largo verano del treinta y seis, y bajo la mirada vigilante de su abuela, Matia y su primo Borja, un muchacho de quince años taimado y carismático, desgranan una rutina estival hecha de perezosas lecciones de latín, cigarrillos fumados a escondidas y escapadas en barca a las calas recónditas de la isla.

Como ya he dicho antes, es un libro relativamente breve y sencillo. Sigue las características generales de la prosa de Matute: a veces se pierde en las divagaciones de la narradora, Matia, y pese a que la historia principal es relativamente simple despliega una serie de personajes que son, como es característico en esta autora, una auténtica delicia.

Por un lado está Matia, la protagonista. En un principio parece una chica perfectamente normal de su edad: distraída de los estudios, algo confusa, y en cierto modo intentando sobrellevar de la mejor forma posible la estancia en casa de su abuela, con la cual convive desde el inicio de la guerra. Alrededor de ella empiezan a surgir una serie de personajes únicos en su especie: Borja, el carismático primo que conoce todas las tácticas para encandilar a la abuela; Manuel, el curioso muchacho con el que Matia entabla amistad… y, por supuesto, la figura de autoridad tan común en las novelas de Matute, en este caso representada por la abuela de los niños: autoritaria, conservadora y tremendamente pragmática. Otro personaje que me ha encantado, pese a ser bastante secundario, ha sido Lauro, «el Chino».

De momento no he leído mucho de Matute, pero sin duda tengo que decir que esta novela me ha encantado. En un contexto convulso y complejo como fue el de la Guerra Civil española saca a relucir historias que, en cierto modo, caminan en paralelo al conflicto: el nacimiento de la amistad entre Manuel y Matia, las lecciones con Lauro… pero sin embargo, realiza una perfecta disección de ese acto tan complejo que es crecer. Los protagonistas, situados en una edad complicada, van metamorfoseando y convirtiéndose en personas cada vez más diferentes. En cierto modo, Matia, Borja y Manuel se enfrentan a una guerra dentro de sí mismos: el conflicto de los dos bandos, representado por los padres de Borja y Matia, y el de intentar descubrir qué clase de personas quieren ser.

A fin de cuentas, esa es, en muchos casos, una de las más grandes decisiones que tienen que tomar las personas mientras están creciendo.

Mi nota: 7/10.

sábado, 1 de febrero de 2014

El pintor de Cracovia

Ya estamos en febrero y en lo que va de año he leído una serie de libros que me han impactado de una forma impresionante como persona. Supongo que, en realidad, eso es lo que todos los buenos libros hacen. Esta misma mañana, en apenas una horita, me he leído Los justos de Albert Camus, de la que espero poder hacer reseña cuanto antes. Sin embargo, la que ahora nos ocupa es la reseña de un libro que he estado leyendo a lo largo de la semana pasada… aunque ni siquiera sabría decir hasta qué punto es un libro. No se restringe a narraciones, tampoco se limita a contar un hecho ficticio. Como explicaré a continuación, El pintor de Cracovia es un libro extraño que, sin embargo, me ha hecho estremecerme y sonreír a la vez como ningún otro.


Sinopsis: En una escena conmovedora de La lista de Schindler, los espectadores de todo el mundo vieron el milagro de la boda clandestina de dos judíos en el campo de concentración de Plaszow. Los novios eran Joseph y Rebecca Bau. Joseph Bau habla del bombardeo de Cracovia, de cómo su hermano y él vagabundeaban por el gueto, de la brutalidad que marcaba el día a día del campo de concentración, del hambre o del amor a primera vista.

Decir que el libro se trata de una autobiografía del autor durante sus años en la Cracovia de la Segunda Guerra Mundial sería quedarme corta. No es solo una novela, no es solo una historia: los dibujos de Bau, junto con sus estremecedores poemas para ilustrar los sentimientos que lo acompañaron a lo largo de la guerra, son quizás lo más destacable de todo. Su facilidad para relatar eventos estremecedores, de una forma completamente desnuda y sin tapujos. Es un relato absolutamente realista, valiente y, ante todo, de una fuerte carga vital. Lo que narra el autor no son las vivencias de personajes inventados: son las suyas propias y las de su familia.

Quizás cabe destacar en toda la historia las fugaces intervenciones de personajes que alguien familiarizado con la historia de los Schindlerjuden captará en seguida. Isaac Stern, el bondadoso contable, Poldek Pfefferberg, el contrabandista; o incluso el propio Schindler en más de una ocasión. Siendo como soy estas apariciones me han sacado más de una sonrisa, a la vez que se han convertido en un aporte de incluso más realidad en la historia. El hecho de leer algo escrito por el puño y letra de un superviviente del Holocausto es siempre algo que me impresiona, pero en esta ocasión lo ha hecho aún más. Supongo que habrá sido el estilo sencillo de Bau, o quizás lo mucho que me han gustado los personajes de esta obra en concreto. Personas reales, a fin de cuentas.

Con todo, me ha parecido un libro magnífico. Un relato estremecedor en primera persona del Holocausto, lleno de sombras y grises oscuros pero también con pequeños recovecos de felicidad y magia. 

Como el propio autor dice al inicio de la obra: «No soy responsable de todo lo expuesto aquí, lo copié directamente de la vida».

Mi nota: 8/10.

jueves, 2 de enero de 2014

Pero ¿qué será de este muchacho?

¡Primera entrada del 2014! Este año me he propuesto leer mucho más de lo normal, así que intentaré pasarme por aquí todo lo posible. El primer libro que ha caído este año ha sido una pequeña delicia del Nobel Heinrich Böll, maestro de la postguerra alemana y autor de obras que a título personal han cambiado mi forma de ver lo que fue el nazismo y su impacto en la sociedad alemana. Sin embargo, Pero ¿qué será de este muchacho? no se trata de otra cosa sino una autobiografía: el autor, en menos de cien páginas, nos relata sus años en la escuela durante el nazismo, desde 1933 a 1937. Con palabras sutiles e idas y venidas por la historia del ascenso al poder de Hitler, Böll relata una historia entretenida, breve y con un ejercicio de reflexión importante.


Sinopsis: El 30 de enero de 1933 el presidente alemán Paul von Hindenburg nombra canciller a Adolf Hitler. Ese día, Heinrich Böll tiene quince años y seis semanas y casi exactamente cuatro años más tarde, el 6 de febrero de 1937, termina el bachillerato. Este libro, escrito cerca de cincuenta años después, rescata los años en que Böll asistió al colegio bajo el régimen nazi. La noticia de la llegada al poder de Hitler la recibe estando enfermo con gripe; pronto se multiplican las señales de lo que vendrá: palizas, uniformes, las primeras quemas de libros, gente que es hecha prisionera y llevada a campos de concentración, de donde todos vuelven cambiados y sin ganas de hablar de ello.

Sería lógico pensar que, siendo un texto autobiográfico, lo primero que habría hecho Böll justo tras el prólogo habría sido caer en el dramatismo. Sin embargo, nos encontramos ante un texto claro, tranquilo y, dentro de lo que cabe, objetivo. Si bien Böll da constantemente su opinión acerca de las idas y venidas del gobierno nazi, no deja de hablar con sosiego de cosas que a fecha de hoy nos sorprenderían enormemente: quemas de libros, restricciones de la libertad de los ciudadanos alemanes y fuertes palizas que el propio autor vislumbró a tan solo unos metros de su casa. Es ese sosiego con el que lo relata todo, esa tranquilidad con la que describe una adolescencia en el Tercer Reich, lo que más me ha llamado la atención del libro.

También me gustaría destacar el hecho de que el libro fue escrito casi cincuenta años después de los eventos relatados en la obra. Incluso el propio autor aclara en las primeras páginas que es probable que contenga algunas fechas erróneas o datos incorrectos y, pese a ello, parece tener una facilidad sorprendente para recordar los nombres de las calles en las que palpó por primera vez los primeros estragos de la barbarie nazi.

En definitiva, es un libro corto, ameno, aunque quizás solo entretenido para aquellos a los que nos fascina todo relacionado con la época del ascenso de los fascismos y de la Segunda Guerra Mundial. De no ser así, podría resultar algo pesado. Pero, como todo, es un libro curioso que merece la pena hojear, así como el resto de títulos del bien merecido Nobel Heinrich Böll.

Mi nota: 7/10.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Fahrenheit 451

En momentos como los que vivimos hoy en día a veces tiendo a preguntarme en qué momento se mezclan la realidad y la ficción al leer una novela que en su día fue una distopía que rozaba la ciencia ficción. Al menos esa es la reacción que me ha provocado Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Escrita hacen más de cincuenta años, a fecha de hoy se podría decir que quizás, solo quizás, no estamos tan lejos del mundo que imaginó Bradbury en aquellos tiempos en los que azotaba el terror de las bombas de hidrógeno y el mundo se recuperaba aún de la Segunda Guerra Mundial.




Sinopsis: Como 1984 de George Orwell, como Un mundo feliz de Aldous Huxley, Fahrenheit 451 describe una civilización occidental esclavizada por los medios de comunicación, los tranquilizantes y el conformismo. La visión de Bradbury es asombrosamente profética: las pantallas de TV ocupan paredes y exhiben folletines interactivos, unos auriculares transmiten a todas horas una insípida corriente de música y noticas, en las avenidas los coches corren a 150 kilómetros por hora persiguiendo peatones; y el cuerpo de bomberos, auxiliado por el Sabueso Mecánico, rastrea y elimina a los disidentes que conservan y leen libros.

La novela da comienzo presentándonos a un ciudadano arquetípico de esta sociedad distópica: Guy Montag, un bombero que se dedica a localizar y quemar libros según dicta el gobierno de Estados Unidos. Las universidades no existen; los niños son educados de una forma sistemática que quizás a todos los que paseamos todavía por los pasillos de un instituto nos suene demasiado bien. Poco a poco, y por circunstancias que se contraponen a la vida diaria de Montag, el personaje va desarrollando un crecimiento como persona y sufre lo que literariamente se suele clasificar como un desengaño de la sociedad en la que vive.

451 grados Fahrenheit, la temperatura a la que el papel arde y los libros se consumen.


Sería, como poco, irónico que uno llegara a pensar que una sociedad como la de Fahrenheit 451 está lejos de existir. Si nos paramos a pensar, ¿qué vivimos hoy en día? Una cultura de masas en su más amplio sentido. Los deportes ocupan mucho más espacio en nuestras vidas del que deberían; los medios de comunicación están cada vez más obsoletos, e innegablemente la gente lee mucho menos. O lee novela barata, que probablemente sea peor. Los buenos escritores y las tramas originales quedan ensombrecidas por los que ya se han convertido en tópicos de la literatura actual: los vampiros, los hombres lobo y los dramas victorianos en los que una pobre damisela en apuros es ayudada por un Mr. Darcy de distinto nombre.

En cualquier caso, la lectura de Fahrenheit 451 me ha resultado una bastante estimulante. No es un libro complicado pese a haberlo leído en su versión original, y con apenas 200 páginas se lee en un suspiro. Lo que importa es el ejercicio de reflexión conforme Montag va creciendo como personaje, o cuando llega al asombroso final de la novela. Es un libro, como se suele decir, para comerse el coco. ¿Dónde estamos? ¿A dónde nos dirigimos? Creo, desde el punto de vista de una persona de dieciséis años que aún se está haciendo una idea del mundo en el que vivimos, que Fahrenheit 451 conlleva un ejercicio de reflexión que a todos nos hace falta de vez en cuando. Sobre todo a los Guy Montag que abundan hoy en día.

Mi nota: 9/10.

lunes, 5 de agosto de 2013

De viaje por los países socialistas

¡Buenas a todos! Esta última semana he aprovechado mucho para leer, y entre los tres que me he terminado estaba esta joyita de García Márquez que no había caído en mis manos todavía. A decir verdad, no había oído nunca hablar de él, ni siquiera en mis pesquisas por internet – pero hacen unos días lo encontré en PDF y, suponiendo que sería una lectura curiosa, decidí leerlo. Y la verdad es que fue una idea bastante acertada.


Sinopsis: El periodismo siempre ha ido muy unido a la literatura de viajes, e incluso hay libros viajeros de gente tan excelente que ha recibido el premio Nobel de Literatura: es el caso del Nobel colombiano Gabriel García Márquez, con un apasionante libro que sirve como retrato de otra época no muy lejana, más allá del Telón de Acero.

Con esta idea nos sumimos en la novela, que más bien es de carácter periodístico. Es, ni más ni menos, que una obra que abarca los meses que pasó tras el Telón de Acero – referida en el libro como la Cortina de Hierro, que viene a ser lo mismo – viajando por los países que en aquellos años estuvieron bajo la influencia de la implacable Unión Soviética. Se trata de un relato basado en sus propias experiencias, con la narrativa característica de García Márquez: limpia, libre de adornos y con ese deje latino que lo caracteriza.

Personalmente, me ha parecido un libro tremendamente interesante en el que se abarca perfectamente lo que conllevaba ser un ciudadano o incluso un visitante en los países del Este de Europa durante los años de la Guerra Fría. Las frases magistrales de García Márquez ("Así es Praga: su antigüedad no parece anacrónica".) o cómo lo retrata todo de forma realista y sin embargo sin el deje pesimista de otras obras de la época. Es un retrato impecable de un viaje por 22.400.000 kilómetros cuadrados sin un solo aviso de Coca-Cola, por un continente que aún se curaba de las heridas de la Segunda Guerra Mundial y tímidamente comenzaba a salir a flote. Personalmente, me quedo con las impresiones del escritor sobre Moscú y Praga, su retrato tan curioso de la Varsovia comunista y la escalofriante descripción de su visita al campo de concentración de Auschwitz.

Mi nota: 8/10.

miércoles, 17 de julio de 2013

París era una fiesta

Hacía tiempo que quería hacer una reseña de este libro por aquí. ¿Por qué? Pues simplemente porque es mi libro favorito. Lo leí en un tiempo en el que había dejado este blog de lado, y desde entonces lo he leído ya tres veces. En español, en inglés – A Moveable Feast, cuya traducción literal sería Una fiesta móvil – e incluso le he dado una oportunidad en francés. Una vez más, el genio de Oak Park me ha atrapado completamente en el aire parisino, en sus calles, en su gente: en Gertrude Steimes y Ezra Pound, en Scott y Zelda Fitzgerald. Y cómo lo hace.





Sinopsis: Publicada póstumamente en 1964, París era una fiesta es la obra más personal y reveladora de Hemingway, quien, ya en el crepúsculo de su vida, narra aquí los dorados, salvajes y fructíferos años de su juventud en el París de los años veinte, en compañía de escritores como Scott Fitzgerald o Ezra Pound, la llamada "generación perdida", según la popular denominación acuñada en aquella época por Gertrude Stein, la mítica madrina del grupo. 

Qué puedo decir de este libro. La verdad es que no puedo ser del todo objetiva: es una novela que no me canso de releer y que me llena profundamente cada vez que lo hago. Leerlo es como pasear por el boulevard Saint Germain, sentir la brisa veraniega de sus enormes favoritas… entrar al Des Deux Magots y escuchar a Hemingway y Fitzgerald discutiendo sobre cualquier tema trivial, pasear un poco más allá y llegar a la casa donde vivían él y su mujer Hadley. París en los años veinte era un mundo, un microcosmos al que todo el mundo aspiraba a llegar.  ¿Y qué se puede decir de París era una fiesta? Pues que lo retrata con claridad, optimismo y sinceridad.

Es un libro que se lee muy rápido, formado por varias historias cortas sucedidas en la ciudad de París. Por sus páginas desfilan todos los bohemios de la época, todas las amistades de Hemingway de por aquel entonces: destacan Ezra Pound y Scott Fitzgerald, dos de los escritores más importantes del siglo pasado junto con el propio Hemingway. Sus historias son vívidas, agradables de leer – personalmente, mi favorita es la narración de la aventura de Lyon a París en coche de Hemingway y Fitzgerald.

Poco más se puede decir de este libro. Es, simplemente, el mejor que he leído: por eso mismo es mi favorito. Se trata nada más y nada menos de la crónica y retrato de una ciudad perdida, de la amistad, y de cómo Hemingway acabó de hacerse como persona en las calles de París.

Como dijo Hemingway en su momento, París nunca volvería a ser igual, aunque seguía siendo París.

Mi nota: 10/10.

lunes, 22 de octubre de 2012

Diario (Ana Frank)

¡Hola a todos! Acabo de terminar de leer el libro que he estado leyendo últimamente, después de terminar La Última Vez Que Vi París y antes de empezar El Error Azul. La verdad es que la lectura ha sido muy placentera, ya que nunca había leído este libro y la verdad es que no me lo esperaba tan agradable de leer, tan poco agobiante y por supuesto mucho más deprimente de lo que realmente es. En cualquier caso, os hago una pequeña reseña, simplemente porque me ha gustado mucho el libro.


Sinopsis: Tras la invasión de Holanda, los Frank, comerciantes judíos alemanes emigrados a Amsterdam en 1933, se ocultaron de la Gestapo en una buhardilla anexa al edificio donde el padre de Ana tenía sus oficinas. Eran ocho personas y permanecieron recluidas desde 1942 hasta 1944, año en el que fueron detenidos y enviados a campos de concentración. En ese lugar y en las más precarias condiciones, Ana, de trece años, escribió su estremecedor diario: un testimonio único en su género sobre el horror y la barbarie nazi, y sobre los sentimientos y experiencias de la propia Ana y sus acompañantes.

Lo primero que tengo que decir es que conozco la historia de Ana Frank desde que tenía diez años y en quinto de Primaria me mandaron hacer un trabajo sobre su diario. ¿La verdad? De todo lo que aprendí de golpe en una sola tarde sobre los nazis, Holanda y los campos de concentración, no dormí en semanas. Ahora, sin embargo, es un tema que me fascina, y la verdad es que me sorprende no haberlo leído antes. Quizás no lo hice por ese duendecillo de mi pasado que me decía que no debería, que lo pasaría mal leyéndolo. Por supuesto, me alegro de haberme equivocado.

El Diario consiste en las cartas que Ana le envió a su "Kitty" durante el tiempo que estuvo recluida en la Casa de atrás – como se refiere ella a la buhardilla donde vivían los Franks, los Van Pels y Fritz Pfeffer. En ellas habla de todo lo referente a su edad: las disputas con sus padres, los desacuerdos con su hermana Margot, sus sentimientos hacia los chicos, su búsqueda de libertad e independencia... todo esto, claro, en tiempos de guerra en los que Ana y su familia no tenían otra que quedarse escondidos en una buhardilla durante dos años si no querían ser enviados a campos de exterminio.

La novela en sí es de vocabulario simple, al estar escrito por una chica de entre trece y quince años. A veces se puede llegar a pensar que Ana se comporta como una malcriada, pero hay que tener en cuenta que es una chica de trece años a la que de la noche a la mañana han metido en una buhardilla diminuta en la que pasará los años cruciales de su adolescencia. Lo único que Ana quiere es ser libre, vivir, experimentar todo lo que le ha faltado durante el tiempo que ha estado encerrada en la Casa de atrás.

Es un muy buen libro que todo el mundo debe leer, al menos una vez. Las palabras de Ana inspiran, te hacen pensar, y sobretodo hacen estremecerse cuando se conoce su final. 

Ana Frank murió en Bergen-Belsen en 1945, pero su diario nunca morirá.

Mi nota: 7/10.

lunes, 27 de agosto de 2012

Crónica de una Muerte Anunciada

El otro día iba en el tren de camino a Madrid y me di cuenta de que me acababa de terminar el libro que estaba leyendo. Como no tenía nada mejor que hacer, entré a la biblioteca electrónica de mi móvil y empecé a buscar libros. Encontré uno, cortito y aparentemente fácil de leer, que no era otro que Crónica de una Muerte Anunciada de Gabriel García Márquez. Ya lo había leído antes, pero no pude resistirme a hacerlo una vez más. Y como ahora tengo este blog para redactar mi opinión sobre todas las novelas que leo, pues aquí tenéis una pequeña reseña para una de las novelas cortas más aclamadas del escritor colombiano.


Sinopsis: Acaso sea Crónica de una Muerte Anunciada una de las obras más "realista" de Gabriel García Márquez, pues se basa en un hecho histórico acontecido en la tierra natal del escritor. Cuando empieza la novela, ya se sabe que los hermanos Vicario van a matar a Santiago Nasar – de hecho ya le han matado – para vengar el honor ultrajado de su hermana Ángela, pero el relato termina precisamente en el momento en el que Santiago Nasar muere. El tiempo cíclico, tan utilizado por García Márquez en sus obras, reaparece aquí exactamente por el narrador, que va dando cuenta de lo que sucedió mucho tiempo atrás, que avanza y retrocede en su relato y hasta llega mucho tiempo después para contar el destino de los supervivientes. La acción es, a un tiempo, colectiva y personal, clara y ambigua, y atrapa al lector desde un principio, a pesar de que conoce el desenlace de la trama. La dialéctica entre mito y realidad se ve potenciada aquí, una vez más, por una prosa tan cargada de fascinación que la eleva hasta las fronteras de la leyenda.

"El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros."

Así empieza el libro. Sin tapujos ni paños calientes, con la primera frase García Márquez nos desvela el desenlace de la trama. Pero seguimos leyendo. ¿Por qué? Por curiosidad. Porque queremos saber qué llevó a Santiago Nasar a morir esa mañana. Poco a poco, como desmantelando su obra maestra, García Márquez nos va presentando a los distintos testigos y protagonistas de la muerte de Santiago Nasar, el telón de fondo del acontecimiento. Conforme avanza la obra, nos vamos dando cuenta de que todo el pueblo salvo Santiago Nasar sabe que lo van a matar, y que nadie se ha molestado en comunicárselo porque creían absurdo que él no lo supiera ya, con todo el pueblo hablando de lo mismo. Se nos empieza a mostrar a los habitantes del pueblo, cada uno, de maneras diferentes, pudiendo haber salvado a Santiago Nasar de un destino fatal.

La novela, si bien se podría clasificar como novela corta, es en sí también una crónica, como la que se realiza con un asesinato real. El narrador, uno de los amigos de Santiago Nasar, recopila información sobre el suceso años después, hablando con los supervivientes del encuentro entre los hermanos Vicario y Santiago Nasar. La trama se va tejiendo como una tela de araña, y el lector la sigue, con los ojos, enmudecido. Por un segundo, crees que Santiago Nasar se salvará, que es evidente que acabará bien parado, y esperas que sea así. Quieres que sea así. Pero nunca lo es.

A fin de cuentas, la muerte anunciada de Santiago Nasar fue tan simple, que ni los habitantes del pueblo ni el lector esperaban que fuera a pasar de verdad.

Mi nota: 10/10.

sábado, 18 de febrero de 2012

La Guerra de los Botones

La primera vez que leí el título de este libro fue un día que buscaba libros buenos para leer en Internet. Leí el título y pensé, "Mira, este libro se lo puedo regalar a mi hermana de siete años", me reí un poco y pasé de él. Sin embargo, unos días después, en casa de una amiga, mirando por la estantería de su salón, me sorprendió toparme con el título de dicho libro. Era una edición relativamente nueva, con lo que parecía la portada de un cartel de película. Era diciembre y la que después conocería como la película basada en el libro ya la habían quitado de cartelera. Y ese viejo de ahí en el fondo, ¿no era Gérard Jugnot, el conocido actor francés que hacía de profesor en Los Chicos del Coro? Así le pregunté a mi amiga sobre el libro, y me contó que se lo estuvo leyendo después de ir a ver la película al cine. En seguida me puse a buscarlo por todas partes. Y así me hice con mi copia de La Guerra de los Botones, picada por la curiosidad.


Sinopsis: Entre los chicos de Velrans y los de Longeverne se ha entablado una batalla sistemática, que discurre entre chichones, descalabraduras, expolio de botones y aun de pantalones, y un intercambio del más florido y selecto vocabulario. Ésa es su actividad esencial; la escuela y el resto de sus aventuras, meros accidentes. Pero, bajo esta anécdota infantil aparentemente trivial, late otra historia subterránea: la rivalidad entre los hombres, que ocasiona guerras entre los pueblos, pues no en vano la guerra de los botones es una guerra inmemorial heredada de los antepasados.

Este libro se me ha hecho rápido de leer, y bastante ameno. Ha habido momentos en los que literalmente he tenido que dejar el libro un momento para soltar unas carcajadas por las ocurrencias de los chicos de Longeverne y por las situaciones cómicas en las que nos coloca el autor. Tiene un vocabulario y una sintaxis relajados, se hace fácil de leer y se les coge bastante cariño a los personajes. A mí, sobretodo, me gustaron mucho Botijo y Pacho.

En fin, un libro que recomiendo a aquellos que quieran revivir momentos de su infancia, ya que estoy segura de que, como me ha pasado a mí, la podréis recordar más de uno con las trastadas de los chicos de Longeverne.

Mi nota: 7/10.